viernes, 27 de junio de 2008

NO PUDO DECIRTE LO QUE SIENTO...


I



¡Que calor!. Esta es la ciudad del verano. Aquí siempre hace sol, un sol de justicia en verano y un sol acogedor en invierno, pero rara vez llueve. Es septiembre, que es como un lunes pero de treinta días, la gente vuelve a su actividad habitual y alienante y yo repaso si he cumplido con las expectativas que me había propuesto, como siempre, algunas si y otras no, pero este verano, he asimilado muchas de las cosas que he aprendido durante el año y me siento con las pilas cargadas de nuevo.
Que calor, es la ciudad sin lluvia, pero siempre tienes que esquivar charcos por la acera, los niños no se aburren, yo tampoco, esta es la ciudad de los charcos de agua destilada.
No llegaré a comprender nunca porque dependemos del resto de la gente para subsistir, apoyándonos en una serie de lazos que no hacen más que atarnos y condenarnos a la inutilidad perpetua. La pregunta es, ¿necesitamos eso? Voy a tratar de explicarlo, después de una larga jornada de trabajo necesitamos, una ducha, comer y descansar, y cuando estamos solos, sentimos la irrefrenable necesidad de relacionarnos con alguien. Mis ojos se posaron sobre los tuyos y tus oídos se abrieron ante mi voz, y desde entonces, que no soy capaz de disfrutar de los demás. ¿Te necesito? ¿Para algo tan fisiológico como relacionarme, escuchar y sentirme escuchado? Ya tengo la respuesta, pero no me atrevo siquiera a pronunciarla. Me muero de miedo, me auto lesiono hasta que mi frente sangra, no siento placer, siento impotencia en una medida, que jamás en mi vida había experimentado y miedo, miedo a cascadas, me escondo en mi mismo, con la intención de que me confundas con una piedra, no me duele. Me destroza.
Voy al baño, cojo unas gasas, las empapo en yodo, lloro de rabia y pienso en lo que mis progenitores esperaban de mi y en lo que me he convertido mientras tapo mi herida, entonces pican a la puerta, no pienso contestar, yo sigo con lo mío, insisten, la sangre me pasa por los lagrimares y desemboca en las comisuras de mis labios, insisten por tercera vez, tengo un aspecto de depredador, me relamo y mi sangre y su sabor metálico me son muy familiares, eso si que tengo que reconocerlo, ¡coño! Otra vez el puto timbre, debe ser algo importante... no me quejo, solo me fustigo para comprenderme, tropiezo siempre con las mismas piedras y ruedo siempre por las mismas laderas, pero el valle que piso cada vez que caigo solo me deja coger impulso para escalar de nuevo.
Voy a salir a la calle, me arreglo, me armo, me limpio, me peino, pero no consigo quitarme este olor a fracaso. Salgo al salón a coger mi chaqueta, que esta colgada detrás de la puerta de entrada y de repente, una nota... La cojo la giro y... no es una nota, es la nota que acabara con mi vida, estoy seguro, es una nota tuya, has estado aquí después de tanto tiempo, y ¿como me has encontrado?, eso quiere decir que me has estado buscando, no puede ser, ese olor... dolor en los nudillos de mi mano derecha, casi abro un hueco hacía el pasillo de la escalera, pican a la puerta, ¿serás tú? ... tu cara es mucho más agradable que cualquier cosa en el mundo, y ahora siento una nausea que me recorre el aparato digestivo al revés, la vecina del tercero que subía al ático a tender la ropa, ha escuchado el golpe y venía a ver si pasaba algo, mientras estira su cabeza a izquierda y derecha cual patético avestruz para ver si hay algo en el interior de mi apartamento, no puedo evitarlo y le doy una palmada en la frente que la hace retroceder dos pasos, -no hay nada que le interese, sucia chafardera- cierro la puerta de golpe y la dejo allí con los ojos abiertos de par en par, la cesta de su ropa en las manos y mucha humillación en su alma, doblo cuidadosamente tu nota, y la coloco en el bolsillo derecho donde alojo mi cartera. Lo más curioso de esta historia con mi vecina, y que ella no sabe, es que si no le hubiera dado la hostia en la frente, seguramente le hubiera bomitado encima.


II



La calle se me come, son muchos años ya, y eso que nadie me tose que si encima me vacilaran... Me escondo del sol, de las miradas de la gente, ni las balas me han podido parar el corazón, y tu vas y te inmiscuyes en mi impermeabilidad superior y yo vacilé y creía tenerlo todo y decidir por mi mismo, pero no, era un trozo de carne en tus suaves manos un niño de cuna, cuando te conocí era el rey un chaval joven que subía como la espuma, tenía fama entre mis superiores, todos querían que estuviera a su lado solo y únicamente por que no me callaba, y estamos en la era de las palabras, se puede engañar a mucha gente con estilo y talento... lo único que me ha mantenido con vida desde que te perdí, es esta cuenta pendiente, ha llegado el momento de consumar el plan que llevo tantos años trazando, y ni siquiera tu llegada, va a hacer que me frene en mi empresa, en cuanto acabe con esto, iré a buscarte y nos fundiremos en una sola persona. Para siempre.
Llego al local, las mismas caras de siempre bajo la misma triste iluminación de siempre, con la misma copa casi perenne en las manos de los mismos, pero esto se acaba, se acabó la monotonía, quiero caras de tensión, de trabajo, en definitiva actividad que es lo que le falta a esta organización. -¡Buenos días!...- el jefe me mira con cara de sorpresa,- ¿qué te pasa? Nunca me saludas cuando llegas, ¿estas enfermo?- me coloco detrás ¡ya!... con mi pistola en su sien, decenas de cañones me apuntan negros, 1'' lo levanto, 2'' le disparo, empieza el tiroteo, 3'' lo utilizo como escudo, decenas y decenas de balas alojándose en su cuerpo, 4'' ya hay dos armas descargadas, 5'' se deshacen de los cargadores vacíos, 6 ''son tres, los demás siguen disparando en el cuerpo inerte de su jefe y en el sofá en el que posaba su feo culo, 7'' no os dejo cargar la armas, salto hacia otra de las mesas colindantes y disparo mis tres primeras balas, pecho, pecho, cabeza, 8'' aquí tengo menos sitio donde cubrirme, pero no he venido a esconderme, ahora son cuatro los que han descargado sus armas y dos de ellos estan detrás de columnas, necesito la otra pistola, 9'' me descubro un poco y disparo cuatro balas, dos de ellas se alojan en el cráneo de sus destinatarios, una tercera le destroza la rodilla a un coleguita de la columna, condenado a la silla de ruedas, sonrío, y la cuarta, rebota en la columna, 10'' dos de las balas, de aproximadamente doce que disparan estos patanes me pueden destrozar, y una de ellas va directa al pecho, me dejo caer para atrás confiando en que sea más malo de lo que me imagino, lanzo una granada en mi viaje al suelo, mi madre siempre dice que no haga viajes en vano, sonrío de nuevo, 11'' es mucho más malo de lo que imaginaba, la granada ha dejado inconscientes a dos más, he oído caer los cuerpos y otro se ha meado y ahora mismo corre calle abajo, todos los demás increíblemente están cubiertos, sera por que me conocen, 12'' solo se oye la respiración de unos cinco o seis, y de vez en cuando noto como tiemblan intermitentemente, yo no respiro, cuando mato ya nunca lo hago, 13'' Miyamoto Musashi, un gran maestro de la estrategia decía que cuando el enemigo estuviera a tu merced o con el espíritu bajo, atacaras sin piedad, como un torbellino, inspiro una, dos veces, 14'' salto por encima de la mesa, un disparo, hombro y cara destrozada, la bala alojada en su encéfalo, caigo al suelo, disparo, le destrozo la mano derecha, que aguantaba el arma, es para romper este silencio, soy superior, el grita y se desangra, 15'' uno de ellos asoma la cabeza, disparo, la cara le queda colgando y se desploma inconsciente en el suelo, detrás de la columna, solo queda uno, el otro sigue gritando y se arrastra por el suelo, 16'' no me oye llegar, esta cagado, no para de temblar, siente el frío hierro en la sien y se mea, ni siquiera tiene los ojos abiertos, solo llora, esto es demasiado, le digo, -vete, ¡corre!- y se larga llorando por la puerta, y eso que era una cucharilla de café con lo que le apuntaba, 17 '' queda alguien detrás de la barra, acurrucado, no creo que suponga peligro, además se que me acerco a ayudar a una persona útil... continuará...

No hay comentarios: